Madurez… junto a ti

¡Como pasan los años! Y a pesar de ello, yo cada día me encuentro mejor. Me llaman Madurez y, la verdad que tengo muy vagos recuerdos de mi juventud, hasta el punto de que tengo serias dudas de que alguna vez realmente existiera.

Mis amigos me dicen que constituyo un valor en mí misma y que tengo la facultad de tener el suficiente coraje para hacerme cargo de mi vida con total claridad y conciencia del mundo. Quienes me acogen en su seno, aunque es cierto que tardan algunos años en hacerlo, tienen un concepto subjetivo de mí, y para cada uno significo algo distinto.

Tengo además la capacidad de hacer las cosas de forma consciente, lo que me diferencia de mi prima Niñez. De este modo, puedo discernir adecuadamente lo bueno de lo malo.

En mi dilatada trayectoria, muchos han tenido tiempo de escribir sobre mí auténticos ríos de tinta. Por ejemplo, Carroll y Shaw (2012) sostienen que tengo una importante vertiente ética en mi vida y que aquella capacidad de la que hablaba antes para tomar decisiones conscientes tiene varias facetas como la reflexiva, la racional, la emocional y la intuitiva. Todas ellas son necesarias para decidir si las acciones que hay que llevar a cabo son buenas o malas, teniendo el valor y la resiliencia para implementarlas, siendo responsable por sus consecuencias e intentando el aprendizaje desde el punto de vista moral para mejorar en futuras acciones.

Todo ello, permite a aquellas personas que tienen a bien el adoptarme, la posibilidad de evolucionar en su capacidad de enfrentar desafíos éticos de acuerdo con su experiencia de vida, educación, cultura e influencia a la hora de tomar sus decisiones.

Quienes hablan de mi componente ético y moral dicen que la toma de decisiones desde este punto de vista implica una facultad y voluntad de reflexionar sobre las mismas, de forma que es necesario recolectar información, profundizar en el entendimiento, analizar, desarrollar el pensamiento crítico y prestar atención al propio proceso de decisión y los factores que influyen en él.

En mi opinión, que para eso me llaman Madurez y tengo experiencia en estos menesteres, las decisiones, sean o no de carácter ético, se toman teniendo en cuenta el balance equilibrado entre los elementos racionales de análisis y aquellos componentes emocionales e intuitivos relacionados con las consecuencias que tal decisión u otra tendrían en nuestra conciencia, en nuestro sentir, también en nuestro cuerpo. A este respecto, incluso la ciencia psicológica ha desarrollado herramientas, como la prueba de Mayer-Briggs, que analiza las preferencias de las personas hacia la razón o hacia la emoción a la hora de tomar sus decisiones.

Por su parte, los autores nombrados más arriba que tanto han estudiado mi vertiente ética y moral, afirman que los componentes de esta faceta son principalmente seis, a saber: la sensibilidad ética o capacidad de reconocer que estamos ante un dilema y que necesitamos agudizar nuestra atención para resolverlo; el discernimiento ético,  o talento para utilizar la reflexión, emociones e intuición para la toma de decisiones; la implementación ética o facultad para llevar a cabo lo decidido e identificar posibles obstáculos; la conversación ética para expresar públicamente la decisión y defenderla; la paz interior ética para poder vivir con tranquilidad con la decisión tomada y aprender del proceso y, por último, el crecimiento ético, base de desarrollo del carácter moral y capacidad de utilizar lo aprendido de la experiencia para lo toma de decisiones morales de forma competente.

A este respecto, Nash (2002) sugiere tres lenguajes que influencian este proceso. El primero de ellos son nuestras propias creencias que filtran nuestra realidad y dejan acotado nuestro campo de acción. El segundo sería la comunidad y el entorno que nos ayuda a discernir, sobre todo, entre lo aceptable e inaceptable. Y por supuesto, el conjunto de valores que diferencian a las personas, así como las adherencias particulares a esos valores, intuiciones, emociones y pensamientos.

Y llegados a este punto os preguntareis como se puede desarrollar nuestra sensibilidad ética. Según los que han estudiado mi personalidad es importante desarrollar conciencia de nuestros valores, saber discernir lo que es importante para nosotros.

Otro punto relevante sería el desarrollo de la conciencia sobre nuestras motivaciones, contestando continuamente a la pregunta: ¿por qué hacemos lo que hacemos?

Es importante también pensar y reflexionar sobre nuestra manera de ejercer el poder, es decir, nuestras tendencias a liderar, tomar autoridad, supervisar, compartir o delegar.

Asimismo, hemos de tomar conciencia en nuestro cuidado físico, personal, emocional y espiritual. No debemos dejar a un lado la reflexión sobre nuestra capacidad de empatía, es decir, de contemplar una determinada situación desde diferentes ángulos, y desarrollarla convenientemente.

Pero todo esto no es suficiente si no desarrollamos la habilidad de ser responsables de nuestras decisiones, así como de asumir sus consecuencias. También es necesario el desarrollo de la compasión, la voluntad de sufrir con los que sufren demostrando esa empatía, altruismo, comprensión y solidaridad hacia sus tribulaciones.

Pero, como me llamo Madurez, que no puedo dejar de pasar la oportunidad de decir que lo que me caracteriza realmente es mi capacidad de aceptar las consecuencias de mis actos, así como la aptitud para la reflexión que he desarrollado para acoplar mis decisiones a esas posibles consecuencias. Toda esta evolución me otorga una óptima vinculación con los demás, mejorando mi relación con ellos y, por lo tanto, favoreciendo la mejora de la sociedad.

Mi grado de compromiso es indudable e innegociable.  Para afrontar esta tarea con competencia y éxito me tengo que enfrentar todos los días con la susceptibilidad de quien se ofrende con gran facilidad, con la inseguridad, con la inestabilidad emocional, con el pesimismo, con las respuestas emocionales exacerbadas, con la baja tolerancia a contratiempos o accidentes, con la extroversión ilimitada, con el exceso de nerviosismo o angustia y con la rigidez, intolerancias y faltas de respeto.

Estoy seguro de que aquellos que leéis estas líneas, aquellos que habéis reflexionado sobre mí, quienes me habéis buscado y encontrado, estáis pensando en otra de las vertientes que sin duda poseo: la madurez en las relaciones amorosas y sentimentales. Sobre el amor, se ha escrito en todos los géneros literarios que existen, desde el ensayo, novela y, por supuesto, poesía, se han compuesto melodías y canciones cuyos versos y notas resuenan todavía por el firmamento y toda la vía láctea… y aunque sobre la madurez en al amor se han creado menos obras que aquellas que hablan sobre la pasión, la ausencia, el desamor, el desapego y el despecho, lo cierto es que aquellas relaciones que me utilizan como parte de la argamasa de sus muros y cimientos, consiguen cotas de estabilidad emocional y de realización personal que les otorgan certidumbre, seguridad y felicidad.

De hecho, según los economistas Blanchflower y Oswald, la mayor satisfacción y bienestar personal se alcanzan en la infancia y en la madurez, lo que se representa gráficamente en función de la edad, con una parábola convexa. De este modo, al llegar a la “edad madura”, se ha aprendido de la vida en general, se sabe lo que se quiere, el físico pasa a un segundo plano y se dispone de más tiempo para el cultivo y cuidado de las relaciones. La conexión es especial, con mayor complicidad, compañía, aceptación.

En una idea similar redunda la Dra. Veroslik Willians, cuando asevera que no es tan importante el auge del momento, que el momento es efímero, que se busca más el camino que el momento, que se requiere la aceptación de nuestra felicidad o infelicidad sin esperar que la otra persona haga algo por ello, que la flexibilidad y el apoyo es fundamental, que es necesario aceptar las imperfecciones del otro en un marco de respeto por la individualidad, que la responsabilidad es la llave de ser consecuente.

Estoy de acuerdo con Platón, cuando dice que el cielo se mueve por amor, y con Dante cuando afirma que el amor mueve el sol y las estrellas. Por ello insisto en que mi vertiente amorosa y emocional es tan importante como la faceta ética. Porque mi concurso en el amor implica un cambio de actitud más que un cambio de las circunstancias. Al amor que me acoge le doy libertad, desapego, tranquilidad y entrega al presente, como aquel que desciende de la montaña cuando previamente ha ascendido con sentido. Además, proporciono las herramientas necesarias para resolver conflictos y situaciones complejas.

Mi vida está cimentada por un sólido basamento sostenido por robustos pilares como son el autocuidado en el cuerpo y en el espíritu, la autodeterminación para llevar a cabo mis decisiones, la autoestima y la propia autorregulación o aptitud para aceptar normas y límites.

Si sabéis enfrentaros a las complicaciones y frustraciones, si dejáis de vivir en el pasado y afrontáis el presente con optimismo y determinación, si os teneis respeto a vosotros mismos, si sois empáticos y respetuosos, si cultiváis la autodisciplina y la constancia, si abandonáis la queja recurrente y os disponéis a aprender de los errores, si potenciáis y practicáis la reflexión, si huis del victimismo y del egocentrismo, si predicáis la flexibilidad y la adaptación huyendo de vuestras dependencias, os digo que me estáis reconociendo, que me estáis haciendo un sitio en vuestra vida y en vuestra casa.

Os espero en este lado del éter, allí donde los sueños pasan a ser realidades certeras y tangibles, donde habita la quietud y la felicidad.  Mis brazos estarán abiertos cuando decidáis acogerme entre cada uno de vosotros, a cualquier edad, en cualquier parte, cuando estéis preparados para ello.

Mientras tanto, os dejo unos versos de un trovador aragonés que quiso escribir una canción de amor inspirada en mí, pero que, al parecer, y a pesar de su edad, todavía me anda buscando…

Hoy que abrimos ventanas al pasado

y el presente es un caballo volador

celebraremos que estás a mi lado,

también con nuestra gente alrededor.

No sé si tan feliz como entregado

Hoy te vuelvo a declarar mi amor:

Aquella vez fui solo y desarmado,

Hoy somos más y lo hago en RE MAYOR.

…en RE MAYOR.

Hace ya tiempo que he caído en la cuenta

que el tiempo también pasa para mí:

y una vez superados los sesenta

pienso que es una suerte estar aquí.

Ojalá estas canciones no nos mientan

el tiempo que nos queda por vivir.

Esta edad, al parecer, mal no me sienta

mientras los años pasen junto a ti.

…junto a ti.

He dicho

C. B.

Marzo de 2024

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