La masonería en Aragón

Una historia de tradición, perseverancia y renovación

 

La historia de la masonería en Aragón es, en gran medida, el reflejo de la evolución de la masonería española. Su trayectoria ha estado marcada por periodos de crecimiento, por largos años de persecución y silencio y, finalmente, por un proceso de recuperación que ha permitido devolver a la Institución el lugar que le corresponde en una sociedad democrática y plural.

Durante mucho tiempo, la masonería fue una gran desconocida para la sociedad española. La escasez de información rigurosa, el carácter discreto propio de la Orden y la difusión de numerosos prejuicios y teorías conspirativas generaron una imagen muy alejada de su verdadera naturaleza. Todo ello dificultó que la ciudadanía conociera una institución que, en numerosos países del mundo, ha desempeñado un importante papel en la defensa de los valores humanistas, la libertad de conciencia, la tolerancia y el progreso social.

Tras la restauración de la democracia y la recuperación de la libertad de asociación, la masonería inició una nueva etapa en España. Aragón desempeñó desde entonces un papel especialmente relevante, convirtiéndose en uno de los territorios donde la Institución experimentó una evolución más dinámica y donde, con el paso de los años, llegaría a consolidarse una obediencia propia.

 

Los antecedentes históricos

 

La presencia de la masonería en Aragón se remonta al siglo XIX. Zaragoza y Huesca acogieron diversas logias que participaron activamente en la vida intelectual y social de su tiempo, contribuyendo a la difusión del pensamiento ilustrado y liberal.

Entre ellas destacan la histórica Logia Constancia nº 68, que levantó columnas en Zaragoza en 1869 y reanudó posteriormente sus trabajos en 1886, así como la Logia Constancia nº 384, constituida en 1914 y reorganizada en 1930. También desarrollaron una importante actividad el Triángulo Conde de Aranda nº 84, fundado en Huesca en 1892, y las logias Justicia Juan de Lanuza y Joaquín Costa, cuyos nombres serían recuperados décadas después por la masonería aragonesa contemporánea.

Especial relevancia tuvo igualmente la revista La Acacia, fundada en Zaragoza en 1888 por la Logia Luz y Trabajo nº 390. Convertida en un referente del pensamiento masónico, su publicación continúa siendo hoy una de las cabeceras más prestigiosas del ámbito masónico en lengua española.

Como ocurrió en el resto del país, la Guerra Civil y la posterior dictadura franquista interrumpieron bruscamente esta trayectoria. La masonería fue prohibida y perseguida durante décadas, desapareciendo de la vida pública española hasta la recuperación de las libertades democráticas.

 

El renacimiento de la masonería aragonesa

 

La legalización de la masonería permitió el nacimiento de una nueva etapa para la Institución en Aragón.

En 1982 se constituyó la Logia Guillén de Montrodón, considerada la primera logia estable creada en Aragón tras la recuperación de la democracia. Poco después surgieron nuevas logias, como Caballeros de la Noche y una nueva Logia Constancia, pertenecientes a distintas obediencias y con sensibilidades diversas, reflejo del pluralismo existente dentro de la masonería contemporánea.

Durante la década de 1990 la actividad masónica experimentó un importante impulso con la creación de la Logia Santiago Ramón y Cajal (1993) y la Logia Miguel Servet (1995), esta última integrada posteriormente en la Gran Logia Simbólica Española y caracterizada por una concepción abierta, progresista y comprometida con la realidad social.

Paralelamente, comenzaron a organizarse conferencias públicas, entrevistas, publicaciones y actividades culturales que contribuyeron a normalizar la presencia de la masonería en Aragón y a desmontar muchos de los prejuicios históricos existentes sobre la Institución.

En este contexto también adquirió especial importancia el resurgimiento de La Acacia en 1997, recuperando una histórica publicación nacida en Zaragoza a finales del siglo XIX y convertida nuevamente en un espacio de reflexión y difusión del pensamiento masónico.

Otro hito destacado tuvo lugar el 17 de junio de 2000, cuando Ascensión Tejerina fue instalada en Zaragoza como Gran Maestra-Presidenta de una obediencia masónica. Se trató de un acontecimiento de gran trascendencia para la masonería española, al convertirse en la primera mujer que asumía la dirección de una organización masónica de ámbito nacional.

 

La Gran Logia de Aragón

 

El año 2002 marcó el inicio de una nueva etapa con la constitución de la Logia Conde de Aranda, nacida con la voluntad de impulsar una masonería profundamente vinculada a la sociedad, al debate humanista y a los valores democráticos.

Su evolución desembocó, en 2008, en la salida de la Gran Logia Simbólica Española y en el inicio de un proyecto propio que culminó, al año siguiente, con la creación de dos nuevas logias: Justicia Juan de Lanuza y Joaquín Costa, recuperando así dos nombres históricos de la masonería aragonesa.

Fruto de este proceso nació en 2009 la Gran Logia de Aragón – Gran Oriente de Aragón, constituida conforme a la legislación aragonesa como una obediencia masónica independiente, progresista y plenamente arraigada en Aragón. Integrada inicialmente por las logias Conde de Aranda, Justicia Juan de Lanuza y Joaquín Costa, su creación supuso un hito en la historia de la masonería aragonesa al dotarla, por primera vez, de una organización propia.

 

Una masonería para el siglo XXI

 

Desde su constitución, la Gran Logia de Aragón ha desarrollado un modelo organizativo basado en la independencia, la democracia interna y el respeto a la libertad de conciencia. Al mismo tiempo, ha impulsado una actualización de su organización y de la aplicación del método masónico, manteniendo intactos los principios esenciales de la tradición iniciática y adaptándolos a la realidad de la sociedad contemporánea.

Hoy, la masonería aragonesa continúa trabajando para ofrecer un espacio de crecimiento personal, reflexión ética y compromiso con la sociedad. Fiel a los valores universales de libertad, igualdad, fraternidad, tolerancia y pensamiento crítico, la Gran Logia de Aragón mantiene viva una tradición centenaria convencida de que la construcción de una sociedad mejor comienza siempre por el perfeccionamiento del ser humano.

Todos los viernes a las 3:33

Soy Germán, aprendiz. Recién llegado a la masonería tras más de 35 años como profesor de Derecho en la Universidad. Todos los viernes a las 3:33 envío un correo donde hablo de masonería, símbolos, valores y actividades. Mi día a día como aprendiz. Sin mitos ni fantasías. 

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