La lucha por la dignidad humana y la vertebración de la sociedad deben convertirse en una realidad efectiva para que los Derechos Humanos sean plenamente garantizados.
Para ello, debemos situarnos en el lado correcto de la historia y responder con responsabilidad a los grandes retos que hoy se plantean en el mundo. Es imprescindible poner a las personas en el centro de todas las decisiones para acabar con las desigualdades que todavía existen en nuestra sociedad.
Vivimos tiempos de grandes avances tecnológicos. Por responsabilidad moral social, debemos reflexionar sobre ellos y sensibilizarnos para que estén siempre al servicio de la humanidad, promoviendo la igualdad y fortaleciendo una democracia auténtica basada en los derechos y oportunidades para todos.
En este cambio todos somos necesarios. El aislamiento o la exclusión de cualquier parte de la sociedad jamás garantizarán los valores necesarios para construir un mundo más humano, cercano y solidario.
Las conciencias colectivas deben impulsarnos hacia una legislación justa e igualitaria. España, nuestro país, es una gran nación, pese a las voces que de manera continuada intentan negar la realidad y la esencia de los grandes avances alcanzados en los últimos años.
Debemos trabajar por una profunda reflexión moral, reconociendo el valor irrenunciable de todos los seres humanos. Es necesario construir una sociedad amplia y abierta, donde nadie pueda levantar fronteras que frenen el bien común. Este bien común debe nacer de los sentimientos más profundos de respeto, solidaridad y convivencia, y nunca de la utilización de la fuerza.
El progreso ofrece nuevos avances a la sociedad, pero éstos siempre deben utilizarse garantizando la desaparición de intereses particulares que dañen el interés general. Toda vida humana merece ser reconocida desde la grandeza moral y el compromiso con el bien común.
Si no gestionamos bien este desafío, la memoria colectiva puede generar situaciones negativas para la sociedad y, especialmente, para las generaciones más jóvenes, que son los más vulnerables si no se les trasmite una realidad basada en la seguridad, la justicia social y un reparto equitativo de la riqueza y de las oportunidades.
La violencia y la polarización son profundamente negativas para la construcción de una sociedad sustentada en el respeto y la igualdad compartida.
Las armas representan un mal recuerdo del pasado y una amenaza para el futuro, porque imponen por la fuerza supuestos derechos que terminan anulando la dignidad de los pueblos y de las personas.
La diplomacia debe trabajarse desde el diálogo como camino hacia la paz. Una paz construida sobre los valores que unen a los seres humanos y que recorra todas las dimensiones de la estructura social y humana.
La libertad no debe estar marcada por ninguna ideología excluyente. Al contrario, cada ser humano debe poder mirar con serenidad y cordura su propia esperanza y su propio proyecto de vida, siempre puesto al servicio de una sociedad más pacífica y justa.
UNIR es el futuro.
“La dignidad nace de los valores que guían la convivencia y se convierten en derecho cuando protege a quienes no tienen voz ni nombre.”
Jesús Aznar