Un mundo por el que luchar

Cada día que pasa, parece que a las personas del hoy se les hace pesado el continuar. Ven desgracia donde antes no la hubo y ven toda solución, paupérrima e insuficiente. Puede que estemos experimentando algo nunca visto en la historia de la humanidad. El cambio como norma. Un presente lleno de volatilidad, incertidumbre, complejidad y ambigüedad, pues parece que las constantes que han reinado por los siglos se van difuminando entre nuestros dedos, y la experiencia pasada no siempre es motivo de sabiduría. Todo este caos reinante con las caídas de los órdenes mundiales hegemónicos, del Status Quo imperante, nos abre un tablero donde abrirse paso es muy arriesgado. Vivimos en tiempos de una prosperidad inmensa, en los cuales hay grandiosos charcos de financiación donde las reglas del juego han evolucionado hasta superarse.

La guerras se han sofisticado de tal manera que su sutilidad las hace placenteras para todo ser humano que sepa apreciar los focos de lucha. Estamos a las puertas de saltos sin precedentes. La industria 4.0, conocida como la cuarta revolución industrial con sus tecnologías como robótica, robots colaborativos, big data, robot autónomos, ciberseguridad, inteligencia artificial, block chain, realidad aumentada, realidad virtual, internet de las cosas, impresión 3D, gemelos digitales entre otras, unidas al 5G, la computación cuántica y diversas tecnologías que nacen y prosperan, nos muestran un futuro con altísimo progreso pues, haber pisado la luna será un pequeña anécdota frente a las titánicas empresas que a la humanidad le aguardan

Éstos solo son pequeñas muestras del mundo que va a venir, el mundo que nosotros construimos diariamente y se gesta en todos los rincones de planeta, pues en sus manos tienen el sueño de Socrates hecho materia, algo que hoy por hoy no podemos llamar “teléfono móvil” o ni siquiera “smartphone” si no, “prótesis externa de información”. ¿Pero como no sentirnos abrumados ante el mundo que cada día cambia? ¿A mejor? ¿A peor?

Cada valoración que hagamos dependerá de nuestra edad, nuestro ocio y de nuestras inquietudes y miedos, pero hay algo claro. Cada día que pasa, no hay vuelta atrás. Quien desee desactualizarse, en poco tiempo, se verá inmerso en un mundo el cual no entienda y no pueda escapar, ya que las generaciones siguientes tenemos integrado el modus operandi de adecuación a la tecnología y somos las generaciones atrevidas que marcan las tendencias del futuro. ¿Pues quien le diría a un empresario de hace 10 años que un chaval factura más que él simplemente comentando en un vídeo para un público joven las trabas, peripecias o simplemente su propio hacer de un vídeojuego? ¿Cómo es posible que se les considere deportistas de élite a una persona que mueve los pulgares? ¿Cómo es que un hacker puede conocer nuestra personalidad mejor que nosotros mismos sin ni siquiera conocernos?

Nos podríamos hacer tantas preguntas, observar tantos detalles, que cuando los llegáramos a entender completamente en su conjunto, habrían cambiado, ya que el tiempo no para (de momento) ni tan siquiera nos da permiso para la pausa. Vivimos en una sociedad donde todos buscamos nuestro rincón y nuestro rol, como si de una gran familia se tratase, que aún a regañadientes cuida de sí misma, está cuando lo necesita si los recursos existen y las causas lo justifican.

Hemos llegado a tal punto que nos creemos tan poderosos como para destruir nuestro planeta pero somos un mero suspiro atómico que sin tan siquiera ser brusco, el cosmos nos frena en seco, cambiando nuestro estilo de vida y las prioridades adyacentes. Pues vease como “pachamama” una vez más, sin despeinarse nos ofrece un simple “aquí estoy pusilánime mono sin pelo, vete a tu caverna o atrévete a cuestionar mi presencia, pues puedes pertenecer a los no aptos haciendo que tu individualidad vuelva a mí”. Si nuestro diminuto hogar, un pequeña mota de polvo en el vasto multiverso es capaz de hacernos lo que nos ha hecho ¿Como de grande es nuestra indefensión como seres? Por primera vez en la historia, quien quiera saber, puede hacerlo prácticamente sin un coste estrepitoso, ya que internet nos ofrece el conocimiento insondable de la humanidad, siendo nosotros libres de usarlo y todo ello a la distancia de un simple movimiento del dedo pulgar. También en contraposición, nos ofrece una seductora gama de acciones para el entretenimiento. ¡Qué bello es el Cyberespacio, tan bizarro como la propia realidad! A mi parecer, esta disonancia que proporciona un solo producto que lo podríamos llamar básico, va a producir una gran distensión entre los sectores de la sociedad que en sus sumunes de su gestación me atrevería a distinguirlos en dos: el Homo Deus y el Homo Demens (con toda su variedad de intermedios).

Homo Deus, como bien suscita su nombre puede describirse como “hombre dios”, simplemente descrito como un ser consciente de que está vivo y que su vida es limitada, que por ello, toma acción en ella en pos de mejorarse y mejorar su entorno. Con espíritu acérrimamente filósofo, éste ama el saber debido a que cuanto más descubre más pequeño se siente y al mismo tiempo mucho más poderoso, pues la capacidad de materializar sus deseos aumenta junto con la capacidad de contra-acción a lo que no desea. Por tanto, la pregunta que cabe hacerse esta persona es : ¿qué te atreves a desear?

Por otro lado, surge la figura del Homo Demens u “hombre inepto”. Fácil de distinguir, ya que a diferencia del primero sólo puede ser el mismo, con el atrevimiento de la ignorancia, su comportamiento es osado y su moral va regida por las cadenas que los placeres ofrecen a sus sentidos, desprendiéndose de todo valor a humano que le supone la razón acabando al puro instinto animal desordenado y su necesidad de hacerse notar en la sociedad aunque carezca de todo sentido y fundamentación lo que piensa. En definitiva, prefiere entretenerse que aprender y mejorar, exponiéndose a la merced del primero.

Estos dos estados de moral, bien pueden ser puramente teóricos ya que todos tenemos motivaciones de una manera u otra dedicadas al saber y sucumbimos a placeres que a corto plazo nos son beneficiosos pero al largo plazo no. Sin embargo, el punto de reflexión reside en la voluntad del individuo para determinar en qué estado quiere o puede hallarse, en el progreso o en la complacencia.

Ya aceptada nuestra condición de humanos, el camino de vida para el verdadero progreso social y nuestra situación nimia en el mundo, cabe pensar a que dirigirnos, una pregunta dura como la libertad misma que nos sugiere la presencia de nuestro mayor maestro, el error. La pregunta no es como evitar el fallo si no cómo afrontar el error. No es difícil pensar teóricamente la solución, la humildad. La humildad de reconocer que no se ha obrado bien y se debe retroceder para mejorar, alejándonos de todo pensamiento dogmático que nos induzca al estancamiento. Sin embargo la práctica es bastante distinta, ya que como explicar que la verdad no ofrece siempre lógica y que los sentimientos o el instinto nos presionan a lo que queremos que sea más que a lo que es.

La dirección es clara, nos dirigimos al mundo compartido que soñamos con nuestros congéneres que, como especie viviente, se va adaptando a la realidad natural y la merced del gran arquitecto del multiverso. Recalcar que solos los sueños materializados marcan el rumbo de la humanidad. Suena paradójico pero estos sueños materializados en su mayoría están para servirnos como humanidad dada nuestra condición de seres racionales y sociales.

Para concluir, se puede entender que nunca la humanidad ha estado más cerca de prosperar hacia la dirección que en sí misma desea, que con amor, conocimiento de uno mismo, ingenio y heroísmo, se han roto muchas barreras y que cada día se rompen más. Atrévanse a desear y materializarlo, si sus esfuerzos no son los correctos allanaran el camino al siguiente.

Para acabar me gustaría citar a un autor clasico a Ovidio, que dice así: “En el amor como en la milicia, no hay sitio para los pusilánimes”.

Seamos magnánimos y ayudemos a nuestros prójimos a serlo, ya que todos podemos aportar.

 

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