¿Qué es lo que, en general, entendemos por historia?

La mayor parte de nosotros entendemos el concepto “historia” como una serie de relatos más o menos coherentes que, auspiciados por las Academias correspondientes, intentan explicarnos o más bien justificarnos una realidad conveniente a los poderes establecidos en un territorio determinado.

De esto podemos deducir que en realidad existen dos “historias”, una sería la que se nos relata desde un punto de vista interesado y la otra la que intenta interpretar los hechos que realmente ocurrieron, a partir de toda la documentación existente o disponible. Ésta última solo puede ser interpretada desde un punto de vista interdisciplinar.

En el caso concreto de Europa, es imprescindible empaparse de la historia de  la Iglesia Cristiana, desde sus comienzos hasta su conversión en “católica” a partir del s.XI.

Antropología, etnografía, geografía, sicología, siquiatría, sicología transcultural, filosofía, historia del Islam y del Judaísmo…en definitiva, cualquier parcela del saber que nos sirva para la comprensión del acontecer humano, más también una mentalidad abierta y libre de prejuicios.

El estudio de las Humanidades es fundamental en la construcción de la personalidad y del comportamiento. Lo aprendido nos moldea y somos capaces, por estos conceptos asimilados, sean o no ciertos, incluso de morir o matar o hacer cosas aún peores.

Quizás por estos motivos sean minusvaloradas e incluso despreciadas en los actuales currículos educativos, otras áreas importantes del conocimiento como puedan ser la filosofía, la historia de las religiones antiguas, el arte, el pensamiento crítico, en fin, lo que podríamos denominar genéricamente como cultura humanística.

Ser conocedor de los propios orígenes, de tus raíces culturales e históricas, te hace comprender tus circunstancias actuales. No debemos olvidar nunca que la historia es un proceso, y es un proceso programado.

Dos son principalmente la instituciones que se han apropiado de tan vital e importante patrimonio, La Iglesia Católica Romana y las monarquías europeas, unidas han convertido esta disciplina en una eficaz herramienta para sus fines.

Habría que hablar aquí del origen de las universidades y de algunas cosas curiosas sobre las mismas.

Como asignatura, la historia no suele ocupar los primeros puestos entre las preferencias de los estudiantes.

Esto es completamente comprensible porque no se enseña de la manera adecuada y si por otro lado sesgas o manipulas la información o los datos la incomprensión de la realidad está garantizada.

El desarrollo del sentido crítico no interesa tanto como el conflicto, que nace precisamente de la falta de empatía con “los otros”.

Sin embargo es ahí, en el conflicto, donde está el negocio.

 

                                                                                   He dicho.

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