En ocasiones, cuando los apremios y las exigencias de la vida ordinaria me lo permiten, encuentro tiempo para reflexionar sobre lo más importante, mi mayor obstáculo, la educación de los hijos. 

            Los miedos, las incertidumbres, los errores y las dificultades para conseguir una buena educación de mis hijas son mi mayor obstáculo.

             No negaré que soy humano, no negaré que, en ocasiones, he intentando minimizar algún problema en pro de mi equilibrio y tranquilidad.

             Pero no por ello he evadido en ninguna ocasión mi principal obligación, la de la educación de mis hijas como niñas normales.

             Fomentar y motivar la autoestima y la ambición bajo la cultura del esfuerzo y frenar la arrogancia y la vanidad.

             Permitir comodidades y concesiones, sin caer en la voracidad del consumismo y los caprichos continuos.

             Educar en la vida real, en la cultura de la frustración frente a la satisfacción inmediata y las alucinaciones de la vida virtual y tecnológica.

             Transmitirles la realidad de las caídas en la vida y mostrarles como deben levantarse, levantarse por ellas mismas sin esperar que las levante de inmediato.

             Que los necesarios castigos y reprimendas sean instructivas, no solo castigos o desfogues causados por el enojo que motivan sus comportamientos inadecuados.

             Alabar e impulsar sus cualidades sin alimentar su orgullo y egos personales. 

            Recompensar de forma discreta, silente, sobrellevada, lo que les negué cuando lo exigían bajo el chantaje emocional y el lloro.

             Conseguir ser en todo momento un modelo de comportamiento, un espejo en el que se puedan reflejar como un modelo de vida basado en el equilibrio, la virtud, la honestidad y la prudencia.  

            Mi mayor obstáculo es un acto de equilibrio, la confianza en su término medio, sin incomodidad, concienciar de su unicidad y especialidad, pero sin que exijan por ello.

             Encontrar su comodidad sin convertirlas en personas mimadas, autocomplacientes y caprichosas.  Mostrarles la existencia de la felicidad pero con pleno conocimiento de la existencia del rechazo, de la decepción y del dolor.

             Mostrarles la necesidad de la autosuficiencia sin perder la capacidad de ser miembros de un equipo.  No vivir sometidas al temor, a la preocupación a los miedos, sin incurrir en la indolencia y la despreocupación.

             Ser capaces de superar los obstáculos, hacer de ellos el camino, enseñarme a mi mismo, a través de ellas, mi mayor obstáculo.

 

 O.:A.:

 

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