LA POLÍTICA VACÍA Y EL VACIADO DE LAS INSTITUCIONES

El extremismo político creciente, la absoluta falta de consenso o acuerdo en bien de la “res pública”, la cosa pública. El deterioro del señorío a favor del intercambio de cargos y puestos que exigen los partidos. El cinismo y el abuso de las redes sociales, las noticias falsas, los bulos, las “fake news” por nuestros responsables políticos y gobernantes ha alcanzado tan altas y absurdas dimensiones que podemos proclamar, sin temor a error, que nos encontramos en la época de la política vacía y el vaciado de las instituciones.

La actual política se define en la actualidad, de manera irreflexiva, instintiva, por oposición al otro, de derechas o de izquierdas, liberal o conservador, nacionalista o constitucionalista, todo se define en contraposición al otro, sin reflexión, sin un sosegado y profundo análisis que, con absoluta facilidad y rapidez , nos llevaría a concluir que, con la excepción de una pequeña minoría en los márgenes de ambos extremos del espectro, casi todos están de acuerdo en las grandes ideas sobre qué hace una buena vida o cómo es un buen país. Todos los padres quieren lo mejor para sus hijos, al igual que cada nación quiere lo mejor para su gente.

Estas son verdades básicas tan profundamente arraigadas que hemos comenzado a darlas por sentadas y, en cambio, hemos elegido centrar nuestra atención solo en lo que nos hace diferentes.

No hace muchos días tuve la fortuna de poder ver el cortometraje elaborado por el Departamento de Derecho Constitucional de la UNED, bajo el título “parece mentira”, en el mismo, se recuerda que el 6 de diciembre de 1978 se sometió a referéndum el proyecto de Constitución aprobado por las Cortes Generales surgidas de las elecciones de 15 de junio de 1977, las primeras elecciones libres en más de cuatro décadas. 

Dos fechas para el recuerdo ahora y para la esperanza entonces. Comenzaba a construirse una etapa de paz y convivencia ilusionante. Miles de historias diferentes confluían en aquellas largas colas de votación.

Baste echar un vistazo a las actas de ponencia constitucional del Congreso de los Diputados para la elaboración de la Constitución de 1978 para observar destacadamente el hecho de que los grandes asuntos de Estado, la forma política del mismo, su organización, el reconocimiento de los derechos fundamentales, fueron abordados siempre y desde todas las perspectivas con un espíritu de CONSENSO, consenso que se mantuvo desde la idea inicial hasta la plasmación del texto definitivo de nuestra Constitución de 1978, sin perjuicio de las diferentes ideologías, posiciones y perfilación necesaria de las ideas.

No podemos acceder al contenido de los trabajos de las ponencias porque las mismas, por unanimidad, se declararon confidenciales pero la plasmación de su reflejo en actas y los resultados obtenidos no puede por menos que llevarnos a reflexionar sobre la pérdida de calidad democrática y política en la que actualmente nos encontramos inmersos.

Política vacía, política de redes sociales, política de imagen, sin fondo, sin objetivos comunes más allá que el reparto de cargos e instituciones. Política de mercadeo ambulante y callejero.

Un estado absolutamente paralizado por la total ausencia de capacidad de los líderes políticos para llegar a un acuerdo que permita al país volver a andar, un continuado cruce de reproches y acusaciones a través de redes sociales y tertulias, consiguiendo con ello evitar la presencia y oratoria en la institución donde reside la soberanía nacional que el pueblo español cede en precario a sus representantes, la tribuna del Congreso.

Y nosotros, nosotros un pueblo indolente y adocenado, aquejado de indiferencia y apatía. Un pueblo que mira hacia otro lado con desidia y agotamiento, rendido ante la falsa premisa de que nada puede cambiar.

Nuestro nivel de exigencia frente a los representantes políticos ha disminuido hasta su desaparición, se ha volatilizado a través de la sublimación en redes sociales y posturas de o eres de los nuestros o estas contra mí.

Creo que lo han conseguido, nos han estafado, engañado, confundido y abobado de manera taimada. El tiempo pasa, los problemas se agravan y nosotros permanecemos absolutamente embobados escogiendo posiciones frentistas que alientan nuestros más bajos instintos pero que no conducen absolutamente a nada, a nada salvo a la perpetuación del reparto de cargos, asesores, puestos, prebendas, privilegios, sinecuras mientras nos ponen el teatro de títeres en la otra sala, aquella a la que sí miramos.

Frente a ello, solo nos queda un camino, buscar un terreno común y usarlo, ver lo bueno de los demás e ignorar el resto, volver al mundo de la convivencia y las ideas comunes, de la exigencia, de la auditoría y fiscalización del comportamiento de nuestros representantes. De exigirles una política sólida y de contenido. Contenido que no puede ser otro que el bien común, el exquisito cuidado y mejora de la “RES PÚBLICA”, lo de todos. De exigirles responsabilidades por su desidia, inoperancia o estulticia.

A pesar de lo que nos quieren hacer creer en aras a la perpetuación del este estado, la mayoría de las cosas no están en un conflicto perpetuo entre sí, y aunque lo estén, siempre habrá puntos en común.

Debemos exigir compromiso en su enfoque, en su división y en la aceptación de lo común.

Debemos exigir una política real, verdadera, transparente, que respete las instituciones, que no las vacíe, basta de política de escenario, de política vacía.

O.:A.: