Cada vez somos un mundo más poblado, urbano y longevo. El envejecimiento de nuestra sociedad es consecuencia de la menor natalidad y del aumento de la esperanza de vida, lo que supone que debamos hacer frente a importantes retos económicos y sociales.

 En nuestro Estado del Bienestar, un número menguante de trabajadores debe sustentar a cada vez más personas jubiladas, que a su vez generan mayores gastos médicos y asistenciales. Ello puede llegar a cuestionar la financiación y sostenibilidad del Estado del Bienestar, más y cuando es previsible que el comportamiento de los Estados se vea afectado por la evolución de un capitalismo exacerbado en el que el poder y los criterios de decisión se rigen por el comportamiento de los mercados y su rentabilidad económica.

 Entiendo que ha llegado el momento de reformular nuestro Estado de Bienestar, a fin de que el gasto social posibilite desarrollar el proyecto vital de los jóvenes y la sostenibilidad de los mayores. Se trata de consolidar la democracia, la equidad y la cohesión social, adaptándose a los actuales modelos sociales, familiares y económicos. Es preciso garantizar la igualdad de oportunidades y un correcto equilibrio intergeneracional, reduciendo los riesgos de pobreza y de exclusión.

 Para ello es preciso establecer unas pautas éticas renovadas que posibiliten la resolución de los nuevos retos que supone el envejecimiento de la población en la sociedad actual. Es necesario planificar el futuro con responsabilidad, aplicando la razón y la innovación social. Desde la perspectiva de atención a las personas mayores, se abren distintos ámbitos de reflexión:


1.- Pensiones. Deben permitir a los mayores mantener una capacidad adquisitiva y de bienestar suficientes. Se han de transformar en un sistema de reparto mixto, basado en tres soportes (reparto, capitalización obligatoria y capitalización voluntaria), a fin de garantizar prestaciones dignas a largo plazo.

2.- Modelo Asistencial. Es cuestionable la viabilidad de un modelo asistencial estructurado en base a una gran dispersión de personas mayores por el medio rural, al tiempo que su falta puede provocar la despoblación de muchos pueblos. Hemos de buscar soluciones o nuevos modelos que  permitan garantizar la eficacia y eficiencia de la asistencia a personas mayores. Es patente que la atención a las personas mayores debe considerarse como un derecho ciudadano atendido con la especificidad que requiere.

 Hemos de mejorar el modelo actual (centrado en residencias de mayores privadas), que ha demostrado no ser el más adecuado para un Estado Social y Democrático de derecho, como es España, requiriendo una decidida apuesta política y ciudadana por un envejecimiento activo, que puede constituirse como un motor de crecimiento económico.

 3.- Ética Médica. Los avances médicos han logrado elevar considerablemente la supervivencia de las personas, aunque desgraciadamente no han conseguido evitar las cada vez más frecuentes situaciones de dependencia. Los elevados costes que suponen la atención a personas dependientes o no válidas es posible que deriven en el cuestionamiento de si realmente merece la pena esta atención médica.

 Ello puede suponer “por interés de los mercados” o “de la situación socioeconómica” que se incentive el derecho a una muerte digna, a no prolongar la vida artificialmente a personas cuya calidad de vida sea inexistente… Incluso se podría desahuciar médicamente a las personas que superásemos una determinada edad o presentaremos determinados síntomas de enfermedades incurables.

 Cómo conclusión quiero indicar que el envejecimiento de la población no es un desastre a punto de suceder, de hecho nos está ofreciendo nuevas oportunidades de encontrar caminos para continuar viviendo juntos y prosperar. El envejecimiento de la población puede suponer una oportunidad, dependiendo de cómo nuestra sociedad se prepare para ello.

 

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