Si alguien intenta con su sombra oscurecer la tuya, date la vuelta, mírale a los ojos y dile: adiós, no te conozco.

No te olvides de lo importante, hay que hacerlo hoy y ahora.

 

Se subastan chaquetas, el precio eres tú.

Quiero mi chaqueta, sólo la mía.

Por mi edad y mentalmente sé cuál me cae bien, y es mi medida.

No necesito que saques un metro para saber cuál es mi talla.

Me doy cuenta de que pretendes colocarme una de la tuyas, con olor a alcanfor y polillas.

Con ella me quedaría con un olor que no es el mío y no lo compartiría con nadie.

Siento pena de quienes sacáis el tenderete, sin daros cuenta que se os puede llevar

el viento.

Hacéis de la elegancia, mofa y falacias, emborronando el espejo donde poder veros.

Me he dado cuenta de que lo pretendéis es hacer sillones con mi chaqueta.

Vuestro error es no comprender que sin patas no podréis sentaros.

También soy consciente de que algunos tenéis muchos armarios llenos de chaquetas.

Os las ponéis según el lugar que visitáis, unas de diversos colores, otras  hechas de plumas.

Mis sentimientos me dicen que me gustaría ayudaros cuando debajo de vuestros

pies cruje la madera.

Pero es imposible por la cantidad de chaquetas que lleváis encima.

A pesar de ello siempre hay, y habrá,  quienes harán de la palabra su signo de elegancia.

Con ella no se necesitan distorsionar colores ni medidas,  

prevaleciendo la calidad, belleza y soltura de una buena prenda.

En una fecha que marca el calendario me acercaré a una mesa para coger un sobre y una papeleta.

Sabedor de que no me he equivocado de chaqueta.

A ti ciudadano, cuando leas esto, comprenderás que mi amigo RINU,

tiene razón con el secreto que encierra esta metáfora.

 

Si te caes te daré la mano, y al levantarte me fundiré contigo en un abrazo.

Jesús Aznar (9-4-2019)

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