Nuestra sociedad precisa disponer de puntos de encuentro ideológicos, basados en el respeto, la tolerancia y el diálogo, el cuestionamiento de paradigmas, el planteamiento de retos, el apoyo a la innovación, el fomento del progreso… Es preciso construir estas bases al mismo tiempo que debemos evitar la degradación de nuestra sociedad actual. Para ello precisamos implicarnos en el proyecto de construcción individual y colectiva de la sociedad, desde una perspectiva centrada en la razón y alejada de los intereses políticos y/o religiosos que levantan muros en lugar de tender puentes.

 Bajo mi punto de vista, uno de los puntos más importantes a considerar es el de evitar la degradación de las instituciones públicas y motivar su adecuada consolidación como servicios públicos de confianza y de referencia para la sociedad.

 En este sentido, se debe trabajar en la consolidación y fortalecimiento de las normativas encaminadas a la mejora de la calidad democrática de nuestra sociedad y de promoción de la innovación social, tales como por ejemplo el empoderamiento ciudadano, las políticas de transparencia, la obligación de rendición de cuentas, etc. Todas ellas mejoran la calidad ciudadana, evitan la desigualdad y posibilitan procesos de participación apoyados en el desarrollo e implementación de las nuevas tecnologías.

 Estas normas proceden de la cultura democrática europea, desafortunadamente más consolidada y evolucionada que la nuestra. Ello produce que el proceso de implementación de las mismas se vea afectado por la resistencia al cambio que generan los poderes políticos y administrativos. Esta situación se manifiesta en una falta de acción y de decisión por el cambio, que parece ir buscando  justificación para no cambiar y mantener las estructuras de poder actuales.

 Esta situación se agrava desde el momento en que la excesiva politización de la sociedad impide que los ciudadanos nos posicionemos ocupando nuestro rol en la sociedad democrática, e incluso mejorándola a partir de la implementación de los avances tecnológicos en los procesos participativos y representativos.

 En primer lugar, debemos de empezar a exigir responsabilidades a los gestores de lo público, en tanto y en cuanto a que su falta de profesionalidad (son políticos, no gestores) impide con frecuencia que dispongamos unos servicios públicos acordes a los recursos invertidos… La responsabilidad, en su papel de gestores su responsabilidad no debería ser meramente política ni debieran de tener tantas prebendas jurídicas.

 Por otra parte, se manifiesta un anquilosamiento y desánimo institucionalizado por parte de las administraciones públicas, sobre todo de sus funcionarios, que requieren igualmente un impulso renovador y reformista para prestar los servicios que la sociedad actual demanda con la calidad y eficacia requeridas.

 En este caso se deben promocionar aquellas personas que trabajan bien, son eficientes e innovadores, hay que evitar el absentismo mental de los funcionarios, mentalizarles de su condición de servicio público y obligarles a denunciar todos los actos presuntamente delictivos de los que sean conocedores. Es inadminisble que nuestras administraciones públicas puedan ser vistas como un nido de personas corruptas, mentirosas,... y con el poder suficiente como para mantenerse en los puestos “de responsabilidad”.

 Somos conscientes que los cambios que estamos sufriendo como sociedad nos pueden conducir hacia lugares imprevisibles… el clima, los mercados, los medios de comunicación, la cultura… Cada vez percibimos con más intensidad importantes desequilibrios ambientales, económicos,sociales y políticos, que son la causa del retroceso en calidad de vida que está sufriendo una parte importante de la población mundial…

 Somos conscientes de que han cambiado en muy poco tiempo  las pautas de comunicación, de convivencia y de pensamiento. En este sentido, cada vez es más necesario sabernos adaptar y evolucionar. Hemos de ser capaces de resistirnos a las nuevas formas de esclavitud, como son el consumismo, la banalización de la violencia, la indiferencia en las relaciones humanas, el pensamiento único, la estupidización de los medios de comunicación,...

 Concluyo manifestando mi convicción de que los cambios son inevitables, y que depende de cada uno de nosotros que éstos sean positivos o negativos para nuestra sociedad… Por ello os animo a todos a formar parte de las personas que construimos el progreso día a día.

 Para todo ello es preciso que exista presión ciudadana. Desgraciadamente ésta cada vez es menor, dado que los ciudadanos cada vez somos más conformistas, menos reivindicativos, más manipulados y controlados… Tenemos miedo a defender nuestros derechos o el desánimo se ha apoderado de nosotros…

 No obstante, si queremos, podemos. Por ello planteo el interés de ir construyendo el futuro piedra a piedra, con pequeñas acciones que pueden suponer que las Administraciones Públicas empiecen a transmitir confianza a los ciudadanos y que se conviertan en el motor del progreso que nos conducirá a una sociedad democrática más libre e igualitaria; incluyente, multicultural y plural; en la que se alineen con el progreso, la verdad y la razón, y por tanto, próxima a los ideales masónicos.

 Hemos de ofrecer una lección de valentía, de humanismo y de dignidad cívica, siempre útil y legítima en esta época revuelta que nos toca vivir.

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