Gran Logia de Aragón - Gran Oriente de Aragón


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Logia Joaquín Costa

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Fotografía de Joaquín Costa

Para entender el pensamiento de Joaquín Costa, debemos analizar la época en la que le tocó vivir.

En la segunda mitad del siglo XIX se produjo el Sexenio Revolucionario (1868 a 1874) y tras la Primera República Española en 1874, la Restauración monárquica de Alfonso XII. Durante el período 1876 a 1923 se produce una alternancia política en el gobierno, establecida con la idea de garantizar la paz social, entre los dos partidos mayoritarios, conservadores y liberales. Esto supone que la política caiga en una inercia que hace que pierda sus valores, pasando a ser un elemento que conducirá a un fuerte freno en la evolución del país, además de la corrupción, la gran crisis agrícola y la declaración de guerra de Estados Unidos a España con la pérdida de las colonias de Cuba, Puerto Rico y Filipinas en 1898.

Este desánimo y depresión, tuvo su manifestación en literatura con la «Generación del 98», crónica del derrumbe final de lo que en tiempos fue la España imperial. En particular, la economía española se basa en la agricultura controlada por una minoría oligárquica (caciquismo) y un exceso de mano de obra agraria campesina en una situación terrible. Estas circunstancias no favorecen la industrialización que permita evolucionar al país para diversificar sus fuentes económicas y que el reparto de la riqueza sea equitativo, es decir, no se desarrolla una industrialización que durante los próximos años será la base de las sociedades modernas, que sacarán ventaja a la española, y que llevará muchos años de retraso en el futuro.

En este contexto, Joaquín Costa tomando como base el principio de igualdad en el reparto de los recursos generados por el sector agrícola para todas las personas, fuente económica principal del país, establece unos principios para garantizarlo (Colectivismo Agrario en España, 1898 y Política hidráulica, 1911), así como la idea de que España podía salvarse por medios educativos y culturales.

Esto le va a suponer un enfrentamiento con respecto a los poderes de la época, que le boicotearán para no poder llevar a cabo sus principios, pero como persona convencida de sus ideales, luchará hasta el final de sus días para conseguir el propósito, presentándose en dos ocasiones a las elecciones (programa Reconstitución y europeización de España, 1900). En la primera ocasión no saldrá elegido, pero en la segunda ocasión, será demasiado tarde debido a sus problemas de salud, que no le permitirán tomar posesión del cargo. De allí el epitafio de su tumba «No legisló».

Independientemente de esto, su concepción permanece vigente porque sus escritos, fundamentados con una fuerte visión europeísta, tienen plena vigencia incluso a día de hoy, en el que se cumple el centenario de su muerte.

Joaquín Costa, uno de las mayores figuras relevantes de Aragón y dotado de unas grandes capacidades intelectuales, tiene la oportunidad de desarrollar diferentes oficios (delineante, profesor de la Institución Libre de Enseñanza, notario, historiador, etc.), que le permitirán conocer la situación del país en su época, y pone manos a la obra para tratar de conseguir una sociedad más justa y equitativa a través de su análisis político.

Costa crea la Cámara Agraria del Alto Aragón (1891) y los movimientos agraristas, promueve las inversiones en regadío, transportes, educación y la restitución del derecho consuetudinario aragonés.

Nace en Monzón el 14 de septiembre de 1846 y muere en Graus, el 8 de febrero de 1911. Consciente de su importante figura, su querido amigo y fiel seguidor, Marcelino Gambón Plana, director del diario El Ribagorzano, publica el 15 de febrero de 1911 (7 días después de su muerte) la primera Biografía y Bibliografía de Joaquín Costa.


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